miércoles, 13 de mayo de 2009

Red Submundo

Definitivamente, y aun en su contra, no le qedaba de otra. 42 años andando en carro, el subterráneo es para eso: para el submundo. Donde se mezclan todas las razas qe desean mezclarse, las no puras, las qe por sobrevivir siempre,como las ratas o las cucarachas tienen qe hacerse fuerte mezclándose con la basura y la tierra del suelo. Así es la gente qe se mueve diario en esos túneles subterráneos. Pero hoy no qedaba de otra, y tuvo qe bajar al submundo.

Descubrió qe como lo imaginaba, era casi en penumbras. Qe olía mal, qe la comida era mala y barata. El circo de la mugre lo tenía impresionado.Había entrado pocas veces a alguna estación, pero jamás al vagón. Cuando llegó la hora de entrar, llamó a eso el instinto animal. Sintió como toda su elegancia y educación se rebajaba, y la sobrevivencia lo volvía un animal más tratando de entrar en la segunda oportunidad a un vagón. No era alguien, era uno más.

Le tocaba salir (!qé tumulto!), pero sí, le tocaba salir. Se acercó a la puerta, y la animalidad colectiva fue tan potente, qe saliendo de la puerta cayó al piso. Una mujer morena, mal vestida y oliendo a perfume barato le tomó la mano para ayudarlo a levantar. "Cuidado güerito". Y siguió su camino ante la inexpresividad como respuesta de dicho rubio.

No lo soportaba. La idea de gente tomando su antebrazo, qe sabrá Dios qé otras cosas agarró esa mano. Sintió claramente como aparecía su urticaria nerviosa después del contacto.

Niña

Salió de su casa con el claro entendimiento de qe tenía qe juntar mínimo $500 pesos. Las ventas habían estado bastante bajas, y el dinero qe su mamá, su hermano y su papá metían a la casa no alcanzaba. Los dulces ya no se venden bien.

Más claro le había qedado porque la noche anterior escuchó la plática de hombres entre el vecino y su papá. Ella no sabía como era "aprovechar a la niña", y aunqe el vecino le garantizó a su papá qe sería buen nego cio, porque iba a ser la primera vez, y estaba "rebonita la chamaca", en ningún momento se sintió elogiada.

Su mamá se había dado cuenta qe estaba muy nerviosa y le dijo "No te preocupes m'ijita, primero Dios vas a ver como hoy si vendes bastante. Tu apá está loco, esas cosas duelen mucho". Y le pintó los labios y un poco las pestañas. "Ya'stás bonita".

Eran las 6 de la tarde y llevaba $200 pesos. Se estaba angustiando de verdad.

Pero a la bajada en una estación de la línea rosa ocurrió lo qe ella llamó suerte. "¿Te falta vender mucho niña?", preguntó un hombre elegante. Ella asintió. "Te ves bonita. Sólo por verte bonita te voy a dar lo qe te falta para acompletar. Pero acompáñame a mi carro por el dinero". Él le acarició el rostro, en una caricia que llegó a una de sus piernas. Ella lo acompañó y salió de la estación sintiéndose tranqila.

Mal aspecto

En verdad sí sufrió un accidente. Vivía un tanto cómodo, como cualqier familia clasemediera. Odiaba indigentes, por la flojera qe le causaba la gente de la vida cómoda. Una mala dosificación de cocaína y alcohol llevó a su carro a tal impacto qe la pierna qedó mal irremediablemente. La familia se cansó de mantenerlo, y encontró el apoyo de las limosnas. Esa tarde como de rutina se subió al Metro a repetir, qe necesitaba juntar $65,000 pesos para una operación más.

En el vagón de la línea uno en esa tarde, iban 4 guardias de seguridad del Metro, hombre soltero y dos más manteniendo familia, y mujer joven qe terminaba sus estudios para poder ser abogada. Junto a ellos 4 imponentemente uniformados, iba más casual un hombre joven recién egresado de alguna licenciatura administrativa. Pasó el accidentado recolector de fondos para su operación. Los cinco miraron con poco aprecio el oficio de pedir dinero de esa manera. El gesto del joven dio inicio a la conversación:

-No deberían de permitir pedigüeños en el metro. Dan mal aspecto.

-Sí, sabemos está mal, pero nosotros no podemos impedirles la entrada. Y no es uno o unos cuantos, son miles, son tantas estaciones… - contestó oficial con familia.

-Y deja los qe andan enseñando heridas como este de la pierna, luego hay qienes se tiran al piso sobre cristales… -reiteró en su molestia joven recién egresado- El otro día vinieron unos amigos alemanes y vieron esas cosas, el hombre fakir se cortó de verdad, y me preguntaron ¿así es México?

-Sí, eso es del gobierno, debería ser orden federal el prohibir esto -contestó mujer preabogada.

-Es que sí dan una mala imagen del país -concluyó críticamente el recién profesionista.

La otra pasajera qe iba escuchando la conversación sin opinar ni hacer notar su presencia, concluyó a su vez, qe pudiera ser malo el gusto de los alemanes y la falta de apreciación a un flolklor tan particular en un país. Entre nuestros indigentes al fin y al cabo, hay talento, hay buenos actores, maquillistas, y hasta podrían haber buenos guionistas.

La primera vez

La primera vez qe lo hice fue en un metro. Cuando estábamos en el túnel me imaginéqe era una nave espacial qe rompía las barreras del tiempo y de la física, qe mis pensamientos tenían el control de ese tren qe pedía ser domado. Yo tenía muy recientes mis aprendizajes de física cuántica, qe decía qe el universo es lo qe uno se imagina. Todo lo qe vemos, es pensamiento.

Llevaba pues ya, media hora de atraso a la cita, pero esta vez pensé distinto: este tren no me hará llegar tarde, yo lo haré llegar temprano. Cada qe pasábamos de la luz de la estación para qedar hundidos en un espacio cotidiano, sin paisaje ni tiempo, me figuraba qe estábamos flotando en una dimensión más éterea qel subterráneo de las calles. Sí, las venas de las calles. En eso me concentré: soy una célula moviéndome en la circulación de una ciudad-órgano gigante. Mis compañeritos de vagón son átomos como yo. Todos somos tan iguales acá abajo, qeriendo llegar. Nos une a todos el mismo objetivo: llegar a la estación qe nos corresponde en el viaje.

Me fijé en sus caras de átomo: unos duermen, otros platican, allá se besan. Qé manera de ser célula oxigenante. Ahora tengo el poder de la conciencia. Y podré ver más allá de la mirada de muchos. Me reconozco con los qe se hacen concientes de algo, la impresión expresiva nos delata.

Cuando me tocó bajar vi la hora, y no me sorprendió tanto qe llegué antes de lo esperado, y qe la persona qe me había citado se había retrasado también.

Me di cuenta qe era el efecto de haber descubierto un Poder. Esa fue la primera vez qe descubrí un poder.

Me propuse, siendo tan lectora de venas subterráneas, sobre todo del subterráneo qe saca la subterránea humanidad de esta ciudad, qe leería las historias de qienes me acompañaban en cada viaje. Qé importa si al salir a la calle eran reales o no, durarían sus historias los minutos qe durara mi pensamiento.