Definitivamente, y aun en su contra, no le qedaba de otra. 42 años andando en carro, el subterráneo es para eso: para el submundo. Donde se mezclan todas las razas qe desean mezclarse, las no puras, las qe por sobrevivir siempre,como las ratas o las cucarachas tienen qe hacerse fuerte mezclándose con la basura y la tierra del suelo. Así es la gente qe se mueve diario en esos túneles subterráneos. Pero hoy no qedaba de otra, y tuvo qe bajar al submundo.
Descubrió qe como lo imaginaba, era casi en penumbras. Qe olía mal, qe la comida era mala y barata. El circo de la mugre lo tenía impresionado.Había entrado pocas veces a alguna estación, pero jamás al vagón. Cuando llegó la hora de entrar, llamó a eso el instinto animal. Sintió como toda su elegancia y educación se rebajaba, y la sobrevivencia lo volvía un animal más tratando de entrar en la segunda oportunidad a un vagón. No era alguien, era uno más.
Le tocaba salir (!qé tumulto!), pero sí, le tocaba salir. Se acercó a la puerta, y la animalidad colectiva fue tan potente, qe saliendo de la puerta cayó al piso. Una mujer morena, mal vestida y oliendo a perfume barato le tomó la mano para ayudarlo a levantar. "Cuidado güerito". Y siguió su camino ante la inexpresividad como respuesta de dicho rubio.
No lo soportaba. La idea de gente tomando su antebrazo, qe sabrá Dios qé otras cosas agarró esa mano. Sintió claramente como aparecía su urticaria nerviosa después del contacto.
